TEXTO ESCRITO POR CRISTINA MARÍN
🔵 Vivimos en tiempos rápidos. Sobre todo si además, vivimos en una ciudad, ya que según sales de casa, la corriente nos arrastra hacia un estar y un caminar inexorablemente veloz. La lentitud nos molesta, nos refrena.
Sin embargo, esta velocidad nos desconecta. Estamos tan pendientes de llegar a los sitios, de que nos dé tiempo a hacer todo lo que hay que hacer, que no dejamos ningún espacio para sentir(nos) y pensar(nos).
🔵 El contacto con el mundo interno es esencial para una salud emocional estable. Si no generamos estos espacios de conexión, iremos como pollo sin cabeza de un lugar a otro, ejecutando, siendo funcionales y sin entender qué es lo que realmente necesitamos.
🔵 La lentitud ofrece estos espacios. El pasear a una velocidad pausada, el deleitarme con un café, o, simplemente, hacer una pausa entre tarea y tarea para tomar una respiración profunda, puede ayudarnos a generar estos momentos de conexión tan necesarios y, por desgracia, tan poco habituales en la sociedad que habitamos.
🔵 No es casualidad, que cada vez busquemos más una escapada al campo o al mar, o que estemos deseando que llegue el siguiente periodo vacacional para poder relajarnos.
Lo que propongo con este texto es poner énfasis en la importancia de las pausas, y transmitir que sería interesante que intentemos generar pequeños espacios de tranquilidad en la vida cotidiana, que si bien a veces parece una misión imposible, si lo conseguimos, encontraremos algo de paz en este mundo rápido.
