PREOCUPACIONES: ¿QUÉ PASA CUANDO SON EXCESIVAS?

CRISTINA MARÍN

¿Qué es una preocupación?

 Una Preocupación es pensar sobre algo recurrentemente que puede ocurrir anticipando generalmente unas consecuencias negativas o indeseadas. A todos nos pasan cosas, y todos nos preocupamos en algún momento de nuestra vida. Preocuparse es normal y no tiene nada de malo, a veces el preocuparse y anticipar nos ayuda a prever consecuencias y a poder gestionar ciertas situaciones de una manera adecuada.

 Sin embargo, preocuparse de más puede ser perjudicial. A veces, nos preocupamos demasiado o de manera desproporcionado por situaciones que todavía ni han sucedido. Perdemos grandes cantidades de tiempo y energía en preocuparnos por cosas que pueden o no ocurrir y la realidad  es que en la mayor parte de los casos, si ocurren, la resolución del problema es más fácil y sus consecuencias con menos dramáticas de lo que nos hubiéramos esperado.

 Esto nos puede ocurrir puntualmente, ante conflictos concretos que nos mantienen inquietos y una vez pasado el mismo, que se nos pase. Pero hay personas a las que esto les ocurre constantemente y casi ante cualquier tipo de conflicto sea de la índole que sea. Las personas que sufren esto, se muestran constantemente preocupadas por casi todo, incluso por cosas que para el resto de nosotros serían hechos sin importancia (llegar cinco minutos tarde a una cita, llamar a una amigos y que no coja el teléfono a la primera, miedo a perder una relación por una contestación que no ha sido especialmente amable…). Seguramente conozcáis a alguien que utilice mucho la expresión. “¿Y si….?”, y en esos “y sis” entran todas las posibles opciones de respuesta antes una situación determinada.

Factores que pueden influir en que nos preocupemos de más

Hay ciertos rasgos que pueden contribuir a que seamos personas que nos preocupemos demasiado. Ciertos rasgos de personalidad como la falta de asertividad, la baja autoestima, rigidez y necesidad de control, el perfeccionismo o una sensibilidad alta al rechazo de los demás, pueden hacer que seamos hipersensibles a percibir cualquier estímulo que puede suponer un peligro (real o imaginario) para nosotros.

Si la percepción que tenemos de nosotros mismos es de que no vamos a saber o a ser capaces de gestionar una situación adversa, trataremos de no tener que enfrentarnos a ninguna. Si somos muy perfeccionistas tendremos la necesidad de que todo salga bien y perfecto siempre, y tendremos una muy baja tolerancia a la gestión de errores o puedan aparecer. Si tememos ser rechazados, vamos a hacernos expertos en identificar cualquier señal o situación en la que eso pueda ocurrir para evitarla. Por otro lado, el ser humano tiende a no tolerar bien la incertidumbre, pero hay personas para las que esto es especialmente angustioso y por ello tienen la necesidad de tenerlo todo controlado bajo la falsa creencia de que de ese modo nada puede salir mal.

Generalmente vemos la realidad no como es, sino como somos. Las personas que tienden a preocuparse mucho van a tener la tendencia de percibir la realidad de manera distorsionada, y van a mirar el mundo a través de una filtro negativo y a veces catastrofista. Desarrollan la capacidad de hacer una estimación excesiva de las amenazas y las de las consecuencias que puede tener el exponerse a esa situación. Estas distorsiones pueden haberse generado por experiencias pasadas, situaciones traumáticas, etc, o por estilos de aprendizaje de nuestra infancia. Si por ejemplo, cuando era pequeño tenía unos padres sobreprotectores que me señalaban constantemente todos los posibles peligros del entorno (“cuidado con las escaleras, no toques eso que te vas pinchar, no hables con desconocidos, etc”) puede que de alguna manera aprenda que el mundo está lleno de peligros y que hay que tener mucho cuidado. Por otro lado, si por ejemplo desde pequeños tenemos que aprender nosotros a sacarnos las castañas de fuego porque nuestros padres no están tan pendientes, podemos volvernos expertos en prever posibles situaciones de riesgo para evitar que nos pase nada. Esto son solo dos ejemplos muy simplificados para ilustrar a lo que me estoy refiriendo, pero influyen otros muchos factores en que desarrollamos una forma de ser “preocupona”.

 ¿Qué podemos hacer para reducir las preocupaciones?

Como he dicho al principio de este artículo, las preocupaciones per se no son malas. Todos nos preocupamos y estas están para poner en marcha mecanismos de resolución de problemas y mecanismos de defensa para protegernos de situaciones que anticipamos pueden ser negativas para nosotros o los que nos rodean. Muy probablemente esa preocupación es a veces la que nos impulsa a desarrollar nuevos recursos creativos y a hacer las cosas mejor. Son negativas cuando no impiden hacer una vida serena y cuando estás nos hacen evitar exponernos a ciertas situaciones por miedo a cuales puedan ser las consecuencias.

Creo que unas de las ideas fundamentales a la hora de afrontar las preocupaciones sería en intentar centrarse en el Aquí y Ahora. El poner la atención en el momento presente puede ayudarnos a que la tendencia a la anticipación se reduzca, puesto que no sabemos con certeza lo que va a ocurrir en el futuro. El midfullnes, la meditación, etc, pueden ser buenos recursos para poner en práctica esto.

Aprender a flexibilizar nos puede ayudar a asumir que no tenemos la capacidad de controlarlo todo, y de que hay ciertos factores que no podemos prever. Nos ayudará a responsabilizarnos de las cosas que están en nuestra mano y disminuir las preocupaciones por aquellas que no dependen de nosotros, y hará que los “y sis” se reduzcan.

 

Hay que tener muy presente una premisa: No es lo que nos pasa, sino como nosotros procesamos lo que nos pasa. Es decir, en la medida en que podamos centrarnos y entender que función cumplen las preocupaciones en nuestras vidas, podremos gestionarlas mejor y ponerles remedio.

 

Todo esto requiere tiempo y paciencia, y el acudir a una terapia que nos ayude a entendernos, es un recurso estupendo para que si somos de este tipo de personas, aprendamos a vivir de una manera más sosegada y plena.

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