EL SÍNDROME POSTVACACIONAL

ALBERTO GÓMEZ

Un año más se acabaron las vacaciones. Días o semanas en los que hemos roto con la rutina establecida el resto del año y en los que casi seguramente hemos conseguido descansar y divertirnos. El principal problema a afrontar ahora es  la “marcha” laboral normal, y no es fácil pasar de la falta de responsabilidades, a la austeridad y la disciplina de los horarios, todo eso unido a los objetivos económicos empresariales o el estrés de las reuniones.

El síndrome postvacacional es muy común, lo reconocemos gracias a que en este proceso experimentemos emociones de tristeza, de incapacidad, de apatía, y se nos hace cuesta arriba hacer frente a otros 11 meses de trabajo hasta las siguientes vacaciones. Si tenemos en cuenta que los problemas no descansan por ser verano, podemos decir que esta época, junto con los problemas que cada persona vive, puede dar lugar a la aparición de episodios depresivos de distinta intensidad.

Pero, vayamos por partes: La vuelta a la rutina puede ser complicada, pero cuanto más nos exijamos, más nos va a pesar el esfuerzo. Que se acaben las vacaciones no significa que no podamos disfrutar de las experiencias como cuando aun no trabajábamos; el «truco» es adquirir un nuevo planteamiento. Intenta pensar en el final de la jornada laboral como unas nuevas vacaciones hasta el día siguiente, nada te prohíbe salir a tomar algo o ir al cine; septiembre puede ser un mes de transición.

Marca objetivos cercanos dentro de tus gustos, ya sea para los fines de semana o para el próximo puente. Dicho de otra forma, hay que intentar atenuar nuestro malestar intentando ir poco a poco hacia la normalidad y centrarse en lo positivo de cada día.

Por otra parte, si tu estado de ánimo ya estaba algo “tocado”, además de la vuelta a la rutina, es probable que se agraven las sensaciones de malestar. Tus pensamientos pueden llevarte a magnificar lo negativo en estos casos.

CONLUSIONES

  • Si cuesta volver es porque se has desconectado mucho y es duro volver a entrar en la dinámica de horarios y tareas, o porque hay situaciones que no apetece afrontar: presión, jefes, problemas económicos, conflictos con compañeros, que nos gusta el trabajo… ¡Quizás sea el momento de hacer cambios!.
  • Si realmente hemos desconectado nos tiene que costar volver. Esa sensación dura unos días con mayor intensidad, y a partir de la semana a penas quedan síntomas, si no es así puede ser una señal de que hace falta hacer algún cambio o aprender a afrontar lo que viene de otro modo.
  • Es necesario asumir, que en ocasiones, no es fácil  y que para que este año laboral sea mejor que el anterior, es necesario tener el firme propósito de afrontar el reto de ser feliz.

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